sábado, 10 de enero de 2015
Un cordial saludo a mis hermanos de Santa María Visitación
lunes, 5 de enero de 2015
Encaminándome a una nueva aventura
viernes, 21 de noviembre de 2014
Los cenáculos, puente de encuentro con Dios y con la comunidad
Para comprender de una mejor manera, es preciso tener en cuenta que pertenecemos a una Iglesia. Ésta intima unión que los cristianos conservamos con nuestra Iglesia, es la que nos permite entender el sentido de unidad. Puesto que la Iglesia de Cristo nos da una familia, una familia universal, la familia de los hijos de Dios, es necesario entonces que nos veamos involucrados en ella, puesto que sería absurdo hacerse llamar cristiano y no formar parte de esta gran familia.
Como toda una familia, la Iglesia nos brinda diferentes medios que, van ayudando a sus integrantes a favorecer los momentos de comunión.
Podríamos hablar en un primer plano de la Oración por excelencia, que es la Santa Eucaristía, pero no es la única.
En nuestra Diócesis contamos con la gran oportunidad de reunirnos también en pequeñas comunidades llamadas “Cenáculos”, estos nos permiten integrarnos a nuestra comunidad local, facilitando así una estrecha unión entre hermanos cristianos, cumpliendo con ello el deseo de Jesucristo, -que todos sean uno- (Jn. 17, 21.) y es así que la clave de esta unidad, se encuentra en la oración, ya que solo por medio de la oración, dirá el Catecismo de la Iglesia Católica, se encuentra ese amor filial, que nos permite ser verdaderamente hijos e hijas de Dios.
El objetivo principal de estas reuniones comunitarias, es el de ser casas y escuelas de comunión, puesto que se podría correr el riesgo de sentirse diferentes a los que integran el cenáculo vecino, y esto botaría totalmente el sentido comunitario que conllevan estos cenáculos.
Es por ello que debe cuidarse con mayor esfuerzo el tema da la identidad parroquial, sentirse parte de una parroquia, es decir una familia unida en oración.
Dirá Aparecida en su numeral 17, «Todos los miembros de la comunidad parroquial son responsables de la evangelización de los hombres y mujeres en cada ambiente» esto quiere decir que es deber nuestro también la preocupación por aquellas almas que no conocen o simplemente se han alejado de Jesucristo.
Pero ahora bien, es preciso también tener en cuenta que debemos fortalecernos nosotros primero, pues sino sería como aquella persona que quiere correr una maratón sin haber entrenado antes, ¿Qué crees que le pasaría?, ¿será que ganaría?, pues yo diría que no, ya que no estaba en condiciones para correr tanto, por ello tiene que entrenar antes si quiere ganar.
Igual sucede con nuestra vida espiritual, es necesario que fortalezcamos primero nuestra fe, para luego salir al encuentro de nuestros hermanos.
Ahora bien ¿cómo podemos hacer esto?
Bueno, teniendo en cuenta que los medios que nos brinda la Iglesia son eficaces. Pues la respuesta seria, cumplir con lo que nos manda la Iglesia, es decir, asistir a la Santa Eucaristía, comulgar, confesarse contantemente, entre otros muchos. Pero también y fundamentalmente, haciendo oración.
La oración en la clave de todo.
Pues bien, esto es lo que nos facilitan los cenáculos.
Es por ello que cuando nos comprometemos y nos integramos a una comunidad, nuestra unión con Dios y nuestros hermanos, se ve fortalecida, y por consiguiente nuestra vida espiritual se va alimentando para poder resistir en la maratón de la vida cristiana.
El ejemplo sacerdotal
Este año he tenido la oportunidad de realizar mi experiencia pastoral en la parroquia del Sagrado corazón de Jesús, Tiquisate.
Durante estos pocos días que llevo de pastoral, me he encontrado con algunos casos muy conmovedores, pero también he tenido experiencias muy enriquecedoras.
Ahora quisiera hablar del ejemplo de vida: en estos dias el santo padre, el papa Francisco, ha hablado sobre la importancia que tiene el ejemplo de los padres para que los niños se formen en un ambiente sano con una moral cristiana.
Pongo este ejemplo, pues me considero y considero que todos somos hijos de la Iglesia, y que por lo tanto el ejemplo de los sacerdotes nos mueve mucho más que una catequesis hablada.
Por lo que en estos dias me siento muy satisfecho, pues tengo ahora la oportunidad de aprender muchas cosas buenas tanto del párroco como del padre vicario de esta parroquia.
Me ilusiona muchísimo ver su vida espiritual, su constancia en la oracion, pero sobre todo el celo que tiene por la liturgia y los sacramentos.
Ver a los sacerdotes confesar todos los dias, realmente me anima a pedirle a Dios que si un día me permite servirle como su sacerdote, pueda yo ser como estos dos sacerdotes que viven su ministerio como verdaderos sacerdotes de Jesucristo.
martes, 21 de octubre de 2014
La persona humana Desde la perspectiva filosófica de Karol Wojtyla
Quiero compartir este pequeño ensayo sobre el personalismo. Espero les agrade.
Karol Wojtyla, de origen Polaco, inicia su carrera filosófica, desde un plano meramente vivencial. Debido a la trágica experiencia en la que se ve envuelto, primero por la pérdida de su madre, y luego envuelto bajo los regímenes totalitaristas que afectaban Polonia. Wojtyla es testigo ocular de diversos abusos hacia la persona humana, siente el dolor de perder a un ser querido, pero también experimenta muy cercanamente el dolor de los abusos físicos, psicológicos y espirituales que sufrían sus compatriotas a causa de los regímenes totalitaristas.
Esto lógicamente, conlleva que la perspectiva de Wojtyla, se viera trasformada, puesto que no era posible que las personas fueran esclavizadas y abusadas, tanto físicamente, como emocionalmente. Simplemente no podía ser así.
A todo esto, Wojtyla, se va interesando con mayor esfuerzo en una filosofía personalista, puesto que considera que ante todo el hombre no puede experimentar lo exterior, sin antes experimentarse a sí mismo (conf. K. Wojtyla, persona e atto, en id, Metafísica de la persona)
Esto conlleva entonces al gran Karol Wojtyla a preguntarse sobre la importancia de la Perona humana, se interesa sobre todo en su dignidad, pero siempre hablando de la libertad, puesto que considera a la persona humana ante todo como como un sujeto y no como un objeto.
Ahora bien, si la persona es un sujeto, esto conlleva entonces a afirmar su libertad, puesto que si es un sujeto pensante, es capaz de darse cuenta de sus actos, es capaz de reír o llorar, gozar o sufrir, conocer o querer. Es aquí, precisamente donde Wojtyla habla de la conciencia, pues es ella la que permite al hombre darse cuenta que hace estos actos, no es ella la que los ejerce, si no únicamente permite a la persona fijarse que los ejerce. Es ahí entonces donde entra en juego la libertad del hombre, puesto que este se da cuenta de que, es lo que puede y no puede hacer, está en su disposición, es suya la intensión, depende de él si lo ejerce o se niega, es así que también entra en juego la autodeterminación pues dice Wojtyla «El hombre no es libre solo porque pueda elegir, el hombre es libre fundamentalmente porque es dueño de sí mismo. Se auto posee y por lo tanto puede auto determinarse» (La Filosofia personalista de K. Wojtyla. Pp. 133)
Pero la persona no solo goza de libertad, sino también goza de una parte muy importante, que es el tema del cuerpo, puesto que anteriormente se había hecho a un lado esta parte de la persona, focalizándose únicamente en el alma, por lo que Wojtyla dirá; que el cuerpo no solo es parte de la persona, sino que sobretodo es un dominio, una posesión, pero aclara que no al modo de un objeto, sino al modo en que la persona se posee a sí misma, es decir que la persona no posee un cuerpo, sino que es cuerpo. Con esto Wojtyla eleva la dignidad del cuerpo, pues se comprende ahora que la persona está compuesta de alma y cuerpo y que sin uno de los dos, simplemente no sería persona humana.
Con esto nos introducimos al tema de la naturaleza, pues desde ella es posible hablar de una libertad limitada, sí, limitada por la misma naturaleza humana, pero también se es posible habla de un valor; pero no un valor como el de los objetos, sino un valor en torno al sujeto, y a esto dirá Wojtyla que; el valor único de la persona es sobretodo su dignidad, puesto que el hombre es en la tierra la única criatura que Dios ha querido a tal extremo de dar a su único hijo por ellos. El hombre es también la única criatura en la cual Dios ha impreso su imagen y semejanza, confiriéndole una dignidad incomparable. (Cfr. Centesimus annus, n. 44). Con esto nos introducimos al gran tema del respeto, puesto que si la persona es imagen de Dios, merece respeto, y es aquí donde Wojtyla nos habla sobre el respeto en el trabajo, el respeto del cuerpo, entre otros muchos.
Es por ello que uno de los intereses fundamentales de Wojtyla es sobre todo el respeto a la persona humana. Durante todo su pontificado se encargó de velar por los derechos de la personas, por los cuidados ambientales, por los cuidados hospitalarios, entre otros muchos, pues en todos ellos se ve involucrada la persona humana, y es así que gracias a su interés, la Iglesia brinda nuevos aires de paz a los hombres y mujeres de buena voluntad.
En conclusión, la filosofía personalista de Wojtyla, fue una escala a lo largo de su vida, pues gracias a su experiencia con el dolor, se va sensibilizando a tal punto de llegar a defender a costa de todo, la dignidad de las personas. Matiza la importancia de los cuidados de la persona en su totalidad, es decir desde la parte espiritual (alma), hasta los cuidados del cuerpo, hablando de sexualidad, pudor, entre otros.
Gracias a ello, hoy en día nuestro conocimiento de la dignidad de las personas, se ve más enriquecida, pues descubrimos la importancia que posee la persona como tal. Y es así que la persona deja de ser un objeto de trabajo, y pasa a ser un sujeto libre y auto determinado.
Se descubre con ojos nuevos que la persona es imagen y semejanza de Dios y que por lo tanto es digna de respeto. Se bota todo aquello que esclavice y tiranice a la persona, pues se comprende ahora que tanto el uno como el otro valen lo mismo, pues gozamos de una misma naturaleza, una naturaleza humana, que nos hacer ser personas, únicos e irrepetibles.
sábado, 18 de octubre de 2014
Una vida de servicio
Hoy, como cosa extraña me llegaron a avisar que me buscaban en la portería. Yo con mucho asombro, me preguntaba, ¿quien seria? Pues no esperaba a nadie.
Resultó que era la visita de una señora que conocí durante mi pastoral en San Andrés Itzapa.
Es una mujer piadosa, muy respetuosa, pero con un carisma espectacular, mientras uno esta conversando con ella, no para de reír, pues en todo momento saca algún chiste o cuenta alguna anécdota graciosa.
En fin la idea es que hoy precisamente, ella venia al seminario a recibir su dirección espiritual con uno de los formadores del seminario, pero tambien la buena señora me traía unas galletas a regalar.
En esta ocasión venia con una amiga suya pues la había motivado para que recibiera el Sacramento de la confesión.
Pues en lo que el padre atendia a la amiga de esta señora, yo me quede platicando con ella, fue una conversación de aproximadamente unos 20 minutos. Pero en ese rato aprendi muchísimo.
Ella me contaba el caso de un niño que padecia incapacidad física y también padecia desnutrición.
Mientras ella me contaba, sus lágrimas corrian.
Fue un momento muy especial pues yo logre ver el amor que ella sentía hacia su prójimo. Pues el niño no era familiar suyo.
El punto en todo esto es el tema del servicio, pues esta buena mujer se dedica ayudar, a pesar de sus limitantes ella busca ayudas con personas, instituciones y entidades, Para llevarles algunas cositas a los que mas lo necesitan.
Me sorprendió mucho su testimonio de servicio en la caridad, pues ella lo hace sin ningún fin de lucro, sino solo por ayudar a los más necesitados.
Es una gran lección pues es esa nuestra tarea, servir, ser instrumentos de de bien.
Debemos ver a Cristo en nuestros hermanos necesitados y amarlos y servirlos.
Procuremos vivir esta gran lección de entrega en el servicio en la caridad y así experimentaremos esa gran experiencia sobrenatural de dar con alegria.


