viernes, 31 de enero de 2020

Fiesta de la presentación del Señor

Mis ojos han visto a tu Salvador

Evangelio según San Lucas (2, 22-40)
Cuando se cumplieron los días de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo varón primogénito será consagrado al Señor», y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones». Había entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo estaba con él. Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo. Y cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo acostumbrado según la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo:
«Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel».
Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño. Simeón los bendijo y dijo a María, su madre: «Este ha sido puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; y será como un signo de contradicción —y a ti misma una espada te traspasará el alma—, para que se pongan de manifiesto los pensamientos de muchos corazones».
Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, ya muy avanzada en años. De joven había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones noche y día. Presentándose en aquel momento, alababa también a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén.
Y, cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño, por su parte, iba creciendo y robusteciéndose, lleno de sabiduría; y la gracia de Dios estaba con él.

Comentario


Nos encontramos hoy con el texto lucano que nos presenta el cumplimiento de la ley por parte de los padre de Jesús, específicamente en la presentación del primogénito a Dios en el templo.  Es pues en este contexto donde surge la escena del encuentro de Simeon con Jesús, el profeta; ya que el  canto de Simeón, el "Nunc dimittis" está cargado de resonancias bíblicas y especialmente por lo que se refiere a presentar a Jesús como "luz" de todas las naciones (Is 52,10). Jesús no ha venido solamente para salvar al pueblo de Israel, sino a todos los hombres. Es una salvación que ilumina a todos los pueblos. Ese carácter universal de la salvación es, central en el mensaje de este texto proclamado, pues en primer lugar descubrimos que el Señor se Manifiesta como salvador universal, a diferencia de la concepción judía en la que el Mesías era el liberador únicamente para Israel. 

Algo importante que podemos resaltar de esta perico es precisamente la figura de Simeón y Ana, quienes guiados por el Espíritu Santo, dan testimonio Jesús, como el salvador universal. cabe destacar que ellos, aguardaban la liberación de Israel, pues en ese momento Israel se encontraba sometida bajo el imperio Romano, y por eso ahora que contemplan con sus propios ojos el cumplimiento de la promesa de Dios de enviar un salvador; bendicen, alaban, dan gracias y pregonan con gozo a todos la buena nueva de la llagada del Señor. 

Ahora bien, ante Jesucristo nadie puede quedar indiferente, por ello el encuentro de Simeon y Ana con Él provoca ineludiblemente una inmensa alegría, pero una alegría que se puede traducir, mejor dicho que se debe traducir en acción; un encuentro que debe llevar la vivencia de la fe en la vida cotidiana, en las realidades concretas de nuestras vidas. Hoy Jesucristo nos ofrece su luz; una luz única, la luz autentica, que ilumina en verdad, una luz que te hace libre. 

Con nuestro bautismo nosotros nos hemos iluminado con la Luz de Cristo, ahora es cuando debemos salir a iluminar; llevar la luz de Cristo a todos, siendo portadores de esa luz que ilumina, que transforma, que libera, debemos ser nosotros quienes colaboremos en la liberación del pueblo de Dios, una liberación del pecado, de las injusticias, de la opresión; debemos ser auténticos cristianos que testimoniemos a Cristo con nuestro estilo de vida. 

Continuando con el texto evangélico, San Lucas señala que Simeón, después de pronunciar estas palabras, se dirigió a María, vinculando en cierto modo la profecía referente al Hijo con otra que se relaciona con la madre: A tu misma alma la traspasará una espada. Con estas palabras Simeon se desplaza desde el Hijo a la Madre. Es admirable el misterio de este vínculo con el que Ella se ha unido a Cristo, ese Cristo que es signo de contradicción. Con estas palabras dirigidas a la Virgen María anuncian que Ella habría de estar unida íntimamente a la obra redentora de su Hijo. La espada de que habla Simeón expresa la participación de María en los sufrimientos del Hijo; es un dolor tal, que traspasa el alma. 

Pidamos al Señor que sepamos descubrir el plan de Dios en nuestras vidas. Dejémonos interpelar por su mensaje y permitamos que su luz nos haga ver la luz, para convertirnos en luz para los demás,,testigos del amor de Dios. 








miércoles, 29 de enero de 2020

El camino de la justicia

Quien con su hermano se encuentra, con Cristo camina

Hablar de Justicia en nuestros días es hablar de un tema que poco se practica, lastimosamente en nuestra sociedad se ha olvidado la justicia a tal punto que nuestra gente se ve oprimida por un sistema corrupto que empobrece y desvirtúa a la persona. 

Es deber cristiano el hacer que el cambio se de, los cristianos estamos llamados a ser sal y luz para el mundo ( Mateo 5, 13-16) eso significa que debemos darle el autentico sazón a la vida, a la sociedad, al mundo entero; los obispos en Aparecida nos dicen que la “misión propia y específica de los cristianos, especialmente los laicos, se realiza en el mundo, de tal modo que, con su testimonio y su actividad, contribuyan a la transformación de las realidades y la creación de estructuras justas según los criterios del Evangelio (210) siendo así en verdad sal y luz del mundo, iluminando la oscuridad del pecado y sacando a la luz todo aquello que no esta bien, pero no en un modo morboso y "criticon", sino a modo de trasformarlo y hacer algo mejor, buscando el bien común, la justicia y privilegiando la caridad. 

La doctrina Social de la Iglesia, ha recalcado insistentemente sobre los principios de la solidaridad, el bien común y el destino universal de los bienes, principios derivados del postulado de la dignidad de la persona humana. El principio de la solidaridad expresa la dimensión comunitaria de la persona y subraya la coresponsabilidad de los seres humanos. Según este principio, los que cuentan con más, al disponer de una porción mayor de bienes y servicios comunes, han de sentirse responsables de los más débiles, dispuestos a compartir con ellos lo que poseen. Este principio de solidaridad trasciende los marcos interpersonales y contextuales, pues comporta una reciprocidad que debe ser observada en el sistema económico internacional. (Sn Juan Pablo II, SRS, No.39). Pero, para que en verdad esto sea un echo es fundamental el trabajo de los cristianos, un esfuerzo común que lleve al cambio, a la trasformación a la vivencia autentica de la justicia y el bien común. 

Es por tanto deber nuestro el comprometernos a este cambio, debemos sentirnos comprometidos a hacer algo por el bien, por la transformación. Esto será posible con nuestro testimonio de vida, contagiando al mundo con el amor de Dios, propagando el bien, expandiendo la caridad y el servicio en nuestra sociedad, iluminando esta sociedad con la caridad y la solidaridad, propiciando el desarrollo y el bien común, fortalecidos en el amor misericordioso de Dios, un amor que trasforma, un amor que hace plena a la persona, un amor que da Vida. 

Empecemos en casa, haciendo pequeños cambios, escalando cada día la escalinata de la conversión, que nos lleva a la vivencia plena de la justicia, una conversión que nos haga asemejarnos más al Señor, que nos muestra el camino de la autentica vida, una vida buena que busca siempre el bien de todos.   








martes, 28 de enero de 2020

Las realidades de la vida

Ante las contrariedades de la vida, es de sabios buscar la ayuda de los demás

Me viene a la memoria la maravillosa historia del Justo Job; quien ante las dificultades, y no poca cosa, se mantuvo fiel al Señor, siendo obediente a su ley, y precisamente por este cumplimiento fue como pudo sostenerse en los momentos difíciles de la vida. 

En nuestra vida se nos pueden presentar algunas dificultades terribles que quizá no podamos solucionar solos, pues son demasiado grandes, y pues estas dificultades deben ser resultas con ayuda, en primer lugar de Dios y luego con la ayuda de algunos amigos, quienes puedan brindarnos su ayuda a modo que podamos ir encontrando soluciones a nuestros problemas; a tal punto de salir de aquel oscuro momento, para adentrarnos a la luz, al bien. 

Regresando a la historia del Justo Job; quien al perder sus hijos, sus bienes y todo cuanto tenia, tentado por el mal para hacerle caer en negar a Dios, se mantuvo fiel a la verdad, a la verdad que es Dios, y esa verdad lo sostuvo y le permitió mantenerse fiel hasta el final. por eso es Justo Job, porque guardo la ley del Señor siempre; en esto esta la clave de la vivencia autentica y plena de la vida: en el cumplimiento de la ley del Señor. ¿por qué?

Precisamente porque en el cumplimiento de la Ley de Dios, es donde la Persona se realiza y encuentra el sentido autentico de la Vida; donde ejerce autenticamente su Libertad y por consiguiente encuentra la verdadera felicidad. esto efectivamente porque la Ley de Dios, es la que nos permite orientarnos al bien, a lo bueno,a lo autentico, a la verdad, y lógicamente esto hace que la Persona viva según su naturaleza y esta vivencia hace plena a la Persona.

La Ley de Dios es como la barrera de la carretera, que mas que limitarte, te protege, te cuida y te orienta. Así es la Ley de Dios, nos cuida, nos protege, y nos conduce a la verdad. por eso es fundamental que para nuestra propia realización es necesario hacer la voluntad de Dios, ya que ésta es precisamente su Ley, la Ley que te lleva a la vida autentica a la felicidad plena.