lunes, 4 de febrero de 2019

La Iglesia ante las realidades sociales y políticas


La Iglesia ante las realidades sociales y políticas
(Catequesis sobre la intervención de la iglesia ante los acontecimientos sociales y políticos)

Ante la problemática de si la Iglesia debe o no intervenir en los asuntos sociales y políticos veremos hoy unas aclaraciones oportunas, desde el Magisterio de la Iglesia para poder comprender mejor este tema.


Es oportunos pues queridos hermanos comprender que la Iglesia como Madre y Maestra, enseña y educa a sus hijos para ver siempre el bien de estos; es por eso que, ante las cuestiones sociales, la Iglesia cuenta con la Doctrina Social de la Iglesia, que es un conjunto de principios morales, principios de acción y normas de juicio, abiertas a múltiples concreciones en la vida social. A demás, la Iglesia se apoya de todo lo positivo de las ciencias sociológicas, pero las transciende al emitir juicios éticos y morales que provienen de la Sagrada Escritura y la tradición de la Iglesia.

En otras palabras, hermanos, se puede decir que la enseñanza social de la Iglesia es la doctrina íntegra de la Iglesia en cuanto referida a la existencia social del hombre sobre la tierra, para una mejor vivencia de su integridad como persona humana, dotada de facultades y privilegiada con una dignidad.

Cabe mencionar también entonces que la función de la Doctrina Social de la Iglesia es el anuncio de una visión global del hombre y de la humanidad y la denuncia del pecado de injusticia y de violencia que de varios modos atraviesa la sociedad[1].

Ante esta realidad planteada por el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, el papa San Juan Pablo II dice en Centessimus annus que:

«La doctrina social de la Iglesia “se sitúa en el cruce de la vida y de la conciencia cristiana con las situaciones del mundo y se manifiesta en los esfuerzos que realizan los individuos, las familias, cooperadores culturales y sociales, políticos y hombres de Estado, para darles forma y aplicación en la historia»[2]


Con ello comprendemos que la Iglesia no interfiere en los temas sociales con el propósito de bloquear el bien común, sino todo lo contrario, lo hace porque busca siempre el bien común, el bienestar de las personas, sin importar si sean cristianos o no, a la Iglesia le interesa la Persona humana hecha a imagen y semejanza de Dios. parafraseando al Papa Benedicto podemos decir que la Iglesia busca siempre el desarrollo humano integral, que es siempre desarrollo de todo el hombre y de todos los hombres.[3]


Es así pues que la preocupación de la Iglesia por el bien de todos los hombres es el principio fundamental por el cual vemos que la Iglesia habla sobre cuestiones sociales, ya que ella como buena madre se preocupa por el bien de sus hijos. Aunque hay que tener en cuenta que la Iglesia no dicta órdenes a las autoridades sociales y políticas, sino que ilumina y orienta en pro del bien sociales, en pro de del bien común, en pro del bien de la persona humana.

El concilio vaticano II, hablando sobre las cuestiones sociales, nos dirá:

«La Iglesia no piensa en primer lugar en el Estado, en el partido o en el grupo étnico. Piensa en la persona como ser único e irrepetible, creado a imagen de Dios. Una sociedad solo será justa si sabe respetar la dignidad de cada persona. Por tanto, el orden social y el progreso deben ordenarse según el bien de las personas, pues la organización de las cosas debe ordenarse a las personas y no al contrario[4]

Es así como descubrimos entonces queridos hermanos, como es que, ante los problemas sociales, políticos, culturales y económicos, la Iglesia tiene el deber y la obligación de anunciar y denunciar, anunciar la buena nueva para iluminar a los dirigentes sociales a hacer un buen trabajo en favor del bien común; y a denunciar todos los actos negativos que afecten a la persona humana. El Papa Francisco nos dice hoy que el cristiano que en este momento no vea la necesidad de los más pobres de los pobres, no es realmente cristiano[5] y es esto pues el autentico compromiso de todos buscar el bien de los pobres, en su sentido general, pobres económicamente, pobres culturalmente y los empobrecidos por las injusticias sociales.

Todo esto es posible pues por la autoridad de la Iglesia que como afirma el catecismo de la Iglesia: Para ponerse auténticamente al servicio del ser humano, la sociedad debe poner como meta el bien común, en cuanto que bien de todos los hombres y de todo hombre (CIC, 1912) solo así entonces la sociedad será justa y buena, es esa pues la meta de la Iglesia, por eso habla, por eso denuncia, por eso interviene en cuestiones sociales porque siempre busca el bien de la persona.

A manera de conclusión, preguntemos ahora nosotros: si nosotros somos cristianos, ¿Qué estoy haciendo yo por el bien de los demás?, ¿será que estoy verdaderamente comprometido con el bien común?, ¿será que, con mi manera de vivir, favorezco el bien común? O ¿únicamente busco mis propios intereses?

Vivamos pues queridos hermanos verdaderamente nuestra fe en Jesucristo que nos invita a obrar de tal menara que todos nuestros actos busquen siempre el bien de todos para hacer de este mundo un lugar mejor para vivir.


[1] cf. Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, 81
[2] Juan Pablo II, Carta encíclica. Centessimus annus, 59
[3] Benedicto XVI, Carta encíclica. Caritas in veritate, 8
[4] Gaudium et Spes, 26
[5] Papa. Francisco, prólogo de DOCAT